La vuelta a las aulas tras el descanso veraniego suele generar emociones contradictorias. Mientras algunos niños esperan el reencuentro con entusiasmo, para muchos otros la idea de volver al colegio genera rechazo, apatía o ansiedad. Acompañar esta transición requiere comprender qué hay detrás de esa negativa y ofrecer herramientas concretas.

• Cambio drástico de rutina: Pasar de la flexibilidad horaria, el juego libre y el tiempo en familia a horarios estrictos y demandas académicas.
• Miedo a lo desconocido: Cambio de etapa, de aula, de profesores de referencia o de compañeros.
• Experiencias previas complejas: Dificultades académicas no detectadas, sobrecarga sensorial o problemas en las relaciones sociales (conflictos con iguales, aislamiento, incomprensión).
Es esencial diferenciar entre la simple «pereza» post-vacacional y un problema severo. La pataleta (o rabieta) es una reacción pasajera de frustración sin un miedo paralizante detrás, mientras que la fobia escolar implica un miedo intenso y una ansiedad anticipatoria, que impide al niño asistir al colegio.
La fobia escolar se mantiene en el tiempo y su desencadenante es una cuestión relacionada con el colegio, además pueden aparecer síntomas físicos como angustia, dolor de cabeza, diarrea o fiebre. Los síntomas mejoran en fines de semana y festivos, volviendo a aparecer con la llegada del colegio.
Cada niño puede expresarse de una forma y requiere un ritmo distinto de adaptación, lo importante es detenerse a observar si se produce un avance constante, aunque sea pequeño, y una disminución progresiva del estrés conforme se habitúa a la rutina y a los compañeros. Si detectamos un problema que se alarga en el tiempo, es necesario consultar con el colegio y con un psicólogo infantil.
El mejor momento para gestionar una crisis es antes de que aparezca. Si anticipamos una posible explosión emocional, preparar el terreno el día, o días de antes, es la mejor estrategia (marcar los pasos que se seguirán, resolver dudas previas, poner palabras a sus emociones y preparar entre todos un plan por si el niño/a se desborda). Así conseguimos reducir el estrés de toda la familia.
Si la crisis estalla en el momento, aplica estas pautas directas:
• Bájate a su altura: Agáchate para que tus ojos estén al mismo nivel que los suyos. Reducimos la sensación de confrontación.
• Usa el contacto físico regulador: Si lo permite, dale un abrazo firme, al menos 20 segundos, es el tiempo necesario para que nuestro cerebro empiece a segregar oxitocina.
• Mantén tu voz baja y pausada: Tu calma es su ancla. Si te muestras nervioso, confirmas su percepción de que «algo malo pasa».
• Evita los razonamientos largos: Un cerebro bloqueado o inundado por el llanto no procesa la lógica. No expliques la importancia de ir al colegio en pleno pico de malestar.
• Metas pequeñas: llegar al colegio puede ser una meta muy grande en pleno momento de explosión, pero para que las cosas sigan fluyendo, podemos marcar metas pequeñas que desvíen su atención: ¿Quién se pone los zapatos antes? ¿Es más rápido bajar en ascensor o por las escaleras? Llamar a un compañero para encontrarnos por el camino o 5 minutos antes en la puerta, también es una forma de desviar el foco, tener una meta más pequeña y agradable y recordarles a nuestros hijos uno de los grandes placeres de volver al colegio, el reencontrarse con amigos y amigas que hace semanas que no vemos.

El uso de apoyos visuales permite estructurar el día a día, finalizar etapas y aporta un canal seguro para expresar estados de ánimo. Hemos recopilado algunos recursos de Arasaac que pueden ser de ayuda:
Siempre tenemos que entender de dónde viene esta negativa a ir al colegio y ver si se mantiene en el tiempo; si ese es el caso, analizar lo que ocurre dentro del colegio y las dificultades a las que se enfrenta el niño es necesario para asegurar su permanencia en los estudios y su bienestar.
Si notas dificultades en tu hijo o hija al durante el curso escolar, puedes recurrir al equipo del CEI València para ayudarte a entender sus necesidades y poner en marcha ayudas y apoyos necesarios para el bienestar de toda la familia.

