¿Broma o acoso?

PODEMOS REÍRNOS CON LOS DEMÁS, NO DEBEMOS REÍRNOS DE LOS DEMÁS.

DISFRUTAR HACIENDO SUFRIR, NO ES NINGUNA BROMA

BROMA: Ambas partes se ríen, es divertido para todos.

ACOSO: Una parte es humillada, se ofende, la otra se ríe.

Es importante que nuestros chicos/as entiendan las bromas e ironías, que desarrollen el sentido del humor, para que de esta forma, aprendan a manejarse mejor en las relaciones sociales. Las bromas se consideran parte de la socialización y una herramienta de intercambio social. Sin embargo, en ocasiones, es difícil distinguir una broma del acoso. ¿Dónde están los límites?, ¿cuándo deja de ser una broma y pasa a considerarse acoso?

Acoso es lo que coloquialmente decimos “una broma de mal gusto” y es importante que nuestros chicos/as tengan claro dónde está la diferencia.

Una broma suele tener la intencionalidad de crear un ambiente distendido, divertido, en cambio, la finalidad del acoso suele ser herir, humillar, avergonzar, incomodar o intimidar, que puede divertir a quien la hace, pero no a quien la recibe.

Por supuesto, a la hora de hacer bromas hay que tener en cuenta el contexto social en el que nos encontramos. Se debe valorar el momento, la situación, la persona a quién va dirigida, el estado de ánimo en el que se encuentra la persona que la recibe, etc., puesto que lo que en un contexto puede parecer una broma apropiada, puede no serlo en otro.

El ejemplo que me viene a la cabeza es el de una adolescente que llegó a sesión disgustada. Me contó que sus padres le habían preparado una fiesta sorpresa por su cumpleaños. En lugar de llevarla al cine como habían acordado, la llevaron a un local donde la esperaban un montón de amigos y familiares. Al sacar la tarta y después de soplar las velas, sus compañeras, le estamparon la tarta en la cara. Esta “broma” le impidió disfrutar de lo que quedaba de fiesta, sintiéndose humillada y despagada. La duda con la que vino a sesión fue que “no sabía si tenía derecho a estar enfadada”, ya que sus amigas sostenían que “sólo fue una broma”.

Es verdad que, en ocasiones, la línea que separa si una broma es o no apropiada está bastante difuminada y, por tanto, se podría considerar una cuestión de perspectiva. Sin embargo, hay una serie de cuestiones que nos podemos preguntar: ¿La broma atañe a otra persona?, ¿Hay una mínima probabilidad de que la persona que la recibe se sienta ofendida, avergonzada o agredida? Si la respuesta es sí, se recomienda no realizarla.

Todos/as sabemos la importancia de los padres y madres como modelos a seguir en la educación de los hijos. Utilizar el sarcasmo para hacer un reproche puede ser una buena estrategia para reducir tensión si utilizamos el tono adecuado, sin embargo, esto es un arma de doble filo y podemos estar mandando mensajes contradictorios.

Por ejemplo, si les estamos pidiendo que no hagan bromas que puedan ofender a los demás y cuando hacemos una crítica utilizamos el sarcasmo, estamos enviando diferentes mensajes al mismo tiempo, por lo que podrían sentirse confundidos. ¡Por ejemplo, cuando les decimos “qué puntual eres!” cuando, en realidad, ha llegado tarde.

En definitiva, ante la duda, mejor utilizar un mensaje claro, directo y sincero, puesto que, como diría mi madre…”les bromes són per a qui les gasta!”

Rosa

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