LOS BENEFICIOS DEL ABURRIMIENTO

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El confinamiento de marzo de 2020, fruto de la pandemia por COVID-19, fue demoledor por las consecuencias sanitarias, emocionales y económicas que supuso (y sigue suponiendi), pero durante los 3 meses de confinamiento absoluto, hasta la “nueva normalidad”, pudimos ver y disfrutar del lado más creativo del ser humano. Esto se reduce a: aburrimiento y tiempo.

¿Sueles ver a tu hijo/a aburrido/a? ¿Qué suele hacer para combatir el aburriemiento?

En realidad, estar aburrido/a no es el resultado de no tener nada que hacer, sino más bien de no tener nada que hacer que nos atraiga en ese momento. El aburrimiento es considerado una emoción “negativa” y como tal genera malestar, ansiedad, estrés, desmotivación y pérdida de la atención (puesto que el nivel de activación cerebral disminuye), entre otros. Por este motivo (junto a otros como la idea aprendida de que es necesario estar haciendo algo constantemente), aparece una necesidad inmediata de combatirlo.

Es muy común recurrir a las pantallas para resolver este problema (móvil, tablet, televisión, videojuegos…), ya que es un estímulo atractivo, cómodo, rápido y de infinito material visual para abastecerse durante horas. Pero buscar este escape inmediato a través de las pantallas es contraproducente puesto que impide cualquier posibilidad de dejar florecer todos los beneficios que genera el aburrimiento.

Como adultos/as no debemos satisfacer sus deseos frente a estar aburridos (“mamá/papá, ¡me aburrooooo! ¿qué hago?”), ni darles algo con lo que jugar o pasar el rato. Son ellos a través de sus propios recursos los que deben investigar, averiguar e inventar qué hacer cuando creen que no tienen nada atractivo para hacer. El aburrimiento fomenta la creatividad.

¿Qué beneficios tiene el aburrimiento?

Estar aburridos es un momento ideal para conectar con uno mismo, con nuestras sensaciones y emociones, gustos, intereses y preferencias. Explorar hacia nosotros/as mismos/as y hacia nuestro entorno refuerza habilidades como:

  • Autonomía personal.
  • Pensamiento crítico.
  • Imaginación.
  • Flexibilidad cognitiva.
  • Tolerancia a la frustración.
  • Resolución de problemas.

Si un/a niño/a se aburre y nadie le dice qué hacer, él/ella mismo/a acabará dando con una forma de entretenerse. Los/as niños/as necesitan la oportunidad de hacer cosas por sí mismos/as, de ponerse sus propias metas, inventarse planes y proyectos. Experimentar todo esto es la mejor manera de adquirir estas habilidades. Pero no hay que impacientarse, la creatividad necesita tiempo.

Vivimos en una sociedad en la que se ha creado una necesidad de hacer cosas todo el rato, parece como que “estamos perdiendo el tiempo” si no se hace nada (o no hay intención de hacerlo). Sin darnos cuenta, de manera no intencionada, y sin ningún tipo de maldad, esta idea se la estamos transmitiendo a nuestros hijos e hijas que, durante el curso escolar (e incluso hasta en verano) siempre tienen actividades que hacer con agendas muy marcadas y estructuradas (a veces debido a las dificultades actuales en la conciliación familiar).

No me malinterpretéis, las rutinas tienen múltiples beneficios y son algo necesario en la infancia (y en la adultez), pero hemos llegado a un punto en el que no les dejamos tiempo libre para el juego vs. aburrimiento. No es recomendable que los niños y niñas tengan todo su ocio dirigido, es conveniente que aprendan a valorar y gestionar el tiempo. A veces podemos ayudarles, pero en otras ocasiones es mejor que sean ellos solos quienes averigüen cómo hacerlo. Vencer el aburrimiento implica esfuerzo. Por ello, no debemos darles todo hecho: ayudarles (a veces) sí, pero no darles la solución.

El juego libre, imaginativo y no estructurado es esencial para el desarrollo infantil.

Posdata: artículo aplicado a niños y niñas y adultos.

 

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