
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) está catalogado como un trastorno del neurodesarrollo. Generalmente los síntomas se van a presentar a edades tempranas, los criterios antiguos mencionaban que antes de los 7 años y actualmente hablamos de un rango más amplio, antes de los 12 años. Los síntomas principales del TDAH son:
Otro aspecto importante a tener en cuenta es que estos/as niños/as suelen tener dificultades para relacionarse socialmente, quieren imponer su gusto y decisión en el juego, deviniendo en rechazo por parte de sus compañeros/as. Esto contribuye a que la autoestima se pueda ver dañada.
Cabe distinguir el TDAH de la inatención, hiperactividad e impulsividad esperables para cada etapa evolutiva, nivel de desarrollo o coeficiente intelectual del niño.
A medida que los niños crecen, todos los síntomas suelen ir disminuyendo, especialmente los de hiperactividad. La intensidad de los síntomas es contexto-dependiente, esto quiere decir que disminuye en situaciones muy estructuradas y organizadas o novedosas e interesantes.
Es por esto último que muchos padres dudan de que su hijo/a pueda tener el diagnóstico, ya que logra permanecer por horas muy concentrado en sus videojuegos, navegando por internet, etc. El problema surge cuando deben atender en contextos poco motivadores para ellos. Les es difícil poder asumir que deben hacerlo, aunque no sea de su agrado.
Los síntomas pueden mejorar con supervisión personal o gratificación frecuente y empeoran en contextos grupales. Es por esto que obtener información del desempeño del niño dentro de la escuela es muy valioso.
Todo niño o adolescente con TDAH debe tener un plan integral de tratamiento individualizado, que considere la cronicidad y el impacto de la condición. Debe involucrar medidas conductuales, cognitivas, sensoriales/psicomotrices y, en su caso, medidas psicofarmacológicas
La terapia conductual asociada al involucramiento activo del niño/a o adolescente, padres y profesores puede recomendarse como tratamiento inicial si los síntomas son leves o con mínimo deterioro, cuando el diagnóstico de TDAH es incierto, cuando hay rechazo de los padres al tratamiento farmacológico o existen discrepancias entre lo reportado por los padres y profesores.
Otra medida importante es realizar las modificaciones necesarias en el entorno para favorecer su desempeño, es decir, hacer cambios en el ambiente físico para minimizar el impacto del TDAH en la vida diaria. Estas modificaciones son específicas para cada niño en base a sus necesidades.
En niños mayores de 5 años puede indicarse una terapia centrada en un incremento de las conductas deseadas y una disminución de las conductas no deseadas; esta modalidad de terapia se enfoca en las habilidades sociales, resolución de problemas, autocontrol, habilidades de escucha activa y manejo de las emociones.
Las funciones cognitivas más afectadas en los niños con TDAH son las funciones ejecutivas (atención, inhibición, flexibilidad cognitiva, planificación y organización, y memoria de trabajo). También se mencionan alteraciones en la velocidad de procesamiento, la motivación, la organización motora, la percepción temporal y en la aversión a la demora. Estos déficits se pueden tratar de muchas formas, a través de juegos de mesa, secuenciaciones y, hay muchos programas de entrenamiento cognitivo computarizado que también han mostrado beneficios: la adaptación de los estímulos, la retroalimentación inmediata, el entrenamiento de acuerdo con el rendimiento y la mayor accesibilidad.
La terapia ocupacional enfocada en el juego y en habilidades motoras, sensoriales y cognitivas ha demostrado buenos resultados.
Las terapeutas ocupacionales evalúan el desempeño ocupacional del niño/a, en su día a día: las Actividades de la Vida Diaria, la educación, el juego y la participación social.
Los niños y niñas con TDAH suelen tener dificultades en este desempeño ocupacional resumido en tres áreas:
El tratamiento desde Terapia Ocupacional basada en Integración Sensorial ayuda a controlar el exceso de movimiento corporal, estimular los comportamientos y conductas adecuadas reduciendo así respuestas impulsivas. Se debe encontrar el objetivo central de la actividad ya que nos indica lo que el niño quiere y necesita siendo así un elemento clave para la intervención.
Al igual que el tratamiento psicológico, la modificación del entorno es uno de los objetivos de la terapia ocupacional, además de la modificación de tareas y ayudar a la participación en diferentes actividades .

La evidencia sostiene el uso de medicación estimulante. No se recomienda el tratamiento farmacológico como primera línea en niños menores de 6 años.
El tratamiento farmacológico del TDAH es de dos tipos (estimulante y no estimulante), y hay cuatro fármacos que están indicados para tratar este trastorno. Hay dos medicamentos estimulantes (metilfenidato y lisdexanfetamina), y dos no estimulantes (atomoxetina y guanfacina).
Los medicamentos estimulantes se recomiendan como agentes de primera línea en el tratamiento de niños con manifestaciones severas o manifestaciones moderadas que no responden a la intervención psicológica.
Debido a que la severidad de las manifestaciones asociadas al TDAH es muy variable de una persona a otra, la duración del tratamiento dependerá de factores como la etapa en el desarrollo de la persona, la edad y los cambios en los soportes necesarios, las demandas del entorno y si el deterioro funcional persiste.
Este tipo de medicamentos tienen determinados efectos secundarios, por ello, debe ser el neuropediatra quien prescriba estas medicaciones y realice el seguimiento pertinente.
Pese a la alta prevalencia del TDAH, nos encontramos ante una realidad social de desconocimiento sobre el trastorno. La falta de formación, información y atención sobre el TDAH tiene consecuencias negativas directas sobre los pacientes, sus familiares, amigos y otras personas de su entorno que sufren el estigma, la insensibilidad y la falta de consideración hacia las personas que sufren el trastorno.
Por lo que es importante acudir a profesionales que sepan detectar y diagnosticar este trastorno para mejorar la calidad de vida tanto de las personas con TDAH como de su entorno y adecuar un tratamiento específico multidisciplinar para sus necesidades.

