DIFICULTADES EN LA ALIMENTACIÓN
Uno de los grandes desafíos de la crianza

alimentación infantil

Llegar a alimentarse de forma autónoma, balanceada, con horarios adecuados y en cantidades suficientes, es uno de los momentos que más dudas genera en los padres. Si añadimos que este proceso se refina durante los dos primeros años de vida y el poco interés que parecen mostrar los niños por entender que el pescado es una excelente fuente de Omega3, las dificultades a las que nos enfrentamos pueden parecer insalvables.

¿Y para los niños? La alimentación involucra habilidades motoras y sensoriales, así como capacidades anatómicas y neurológicas y del entorno. Estos cinco dominios van a desarrollarse, apoyándose mutuamente para que el niño llegue a superar el reto de, no sólo alimentarse, sino de llegar a disfrutar de ello.

Siempre que exista un problema en alguno de estos dominios vamos a observar un problema en la conducta: alimentación selectiva o un rechazo a alimentarse.

A nivel anatómico las dificultades pueden ser varias: desde un frenillo corto, que dificulta la movilidad de la lengua, hasta malformaciones esofágicas, reflujo o irritaciones que causan molestias y dolor durante la alimentación, digestión o evacuación. Si desde pequeños asociamos la comida con el malestar corporal, es comprensible que rechacemos alimentarnos, incluso después de que el dolor haya desaparecido, puesto que hemos creado una asociación basándonos en nuestra experiencia, entre el malestar y la comida.

Los problemas neurológicos que afectan a la alimentación, en niños tan pequeños, son observables a través de los reflejos primitivos (reflejo del vómito, reflejo de los puntos cardinales, reflejo de succión…) o, por ejemplo, de la motilidad intestinal. Estos pueden verse alterados o estar ausentes y suelen indicar problemas graves en el desarrollo.

Comer, en niños un poco más mayores, que empiecen a tomar alimentos semisólidos o sólidos, también significa saber tolerar diferentes texturas, tener buenas praxias orales (masticación, deglución, lateralización de la lengua…), mantenerse sentado durante periodos largos de tiempo, empezar a utilizar cubiertos… Las demandas tanto motoras como sensoriales van en aumento y algunos niños van a necesitar ayuda para poder continuar con su aprendizaje.

Por último, pero no menos importante, el entorno, aquellos que nos rodean mientras comemos y dónde lo hacemos, también pueden ayudar o entorpecer nuestra alimentación. Cada vez son más los padres preocupados porque su hijo es incapaz de comer sin la tele o la tablet o los niños que comen mejor en el comedor que en casa o mejor en casa que en el comedor escolar. Los estímulos exteriores influyen en nuestro estado de alerta, nos distraen o nos ayudan a comer y hay que saber regularlos adecuadamente para que no se interpongan entre el niño y la comida.

Ya hemos visto que la alimentación, por muy sencilla que parezca desde fuera o por muy automatizada que la tengamos los adultos, para los niños es todo un nuevo mundo que explorar, lleno de nuevas sensaciones y exigencias que debemos ayudar a contextualizar e integrar.

Si los padres detectan dificultades en alguna de estas áreas o sienten que las comidas son una fuente de tensión para sus hijos o para el entorno familiar, deben recurrir a la ayuda de un profesional.

Contacta!