Compartir según la edad: comprendiendo y acompañando el desarrollo desde la psicología infantil

En los primeros años de vida, el acto de compartir suele ser una de las situaciones que más desafíos genera, tanto para los niños como para los adultos que los acompañan. En edades tempranas donde el juego compartido es una constante, comprender cómo evoluciona esta capacidad y qué estrategias respetuosas podemos aplicar resulta fundamental para favorecer el desarrollo socioemocional.

El desarrollo de la capacidad de compartir

Desde la neuropsicología sabemos que la habilidad para compartir no aparece de forma inmediata, sino que está ligada a la maduración del cerebro social, especialmente de áreas relacionadas con la empatía, la autorregulación y la teoría de la mente.

De 1 a 2 años

En esta etapa temprana, el niño aún no comprende el concepto de “mío” y “tuyo”. Su pensamiento es egocéntrico y existe dificultad para comprender las necesidades o los deseos de los demás, por lo que es natural que no haya necesidad de compartir o no desee ceder sus juguetes. Lo que para el adulto parece “no querer compartir”, en realidad es una manifestación del desarrollo normal del sentido de propiedad y autonomía.

De 2 a 3 años

Comienzan los primeros intentos de interacción con pares. Los niños pueden disfrutar de jugar “al lado de otros” (juego paralelo), pero todavía no comparten de manera intencionada ni tienen una regulación emocional controlada. Sin embargo, observan y aprenden de los modelos adultos.

De 3 a 4 años

Se inicia el juego cooperativo. Empiezan a comprender turnos, reglas simples y a mostrar empatía. Pueden prestar objetos por periodos cortos, especialmente si reciben acompañamiento emocional.

De 4 a 6 años

La capacidad de compartir se consolida gradualmente. Existe una mayor comprensión de las normas sociales y los niños entienden que compartir puede generar bienestar mutuo y fortalecer los lazos sociales. Aun así, pueden aparecer conflictos, especialmente ante objetos de gran valor emocional.

Entender estas etapas ayuda a ajustar las expectativas de los adultos, a funcionar como modelos de aquello que se quiere integrar y evitar etiquetar comportamientos naturales como “egoísmo” o “mala conducta”.

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Pautas respetuosas para enseñar a compartir

Desde la psicología infantil proponemos acompañar el desarrollo del compartir sin imponerlo, fomentando la empatía, la autorregulación y la autonomía. Aunque compartir es un aspecto que se aprende con el tiempo, como padres y madres se puede ayudar a facilitar este aprendizaje poniendo en práctica aspectos como:

1. Evitar obligar a compartir

Forzar al niño a entregar un objeto genera frustración y resentimiento. En cambio, podemos validar sus emociones (“Entiendo que no quieras prestar tu juguete ahora”) y ofrecer alternativas para potenciar su autonomía mientras destacamos los beneficios de compartir.

2. Modelar el compartir

Los niños aprenden por observación. Cuando los adultos de referencia comparten con respeto, los pequeños internalizan esa conducta.

3. Fomentar turnos y tiempos

En lugar de exigir que “preste ya”, podemos enseñar a esperar turnos (“Cuando termines, se lo prestas a tu amigo”). Esto desarrolla paciencia y sentido de equidad.

4. Nombrar emociones

Acompañar verbalmente lo que sienten (“Parece que te cuesta compartir porque ese juguete te gusta mucho”) ayuda a los niños a identificar y gestionar sus emociones.

5. Crear espacios y materiales compartidos

Disponer de materiales o actividades grupales, incluyendo juegos donde compartir sea parte de esa diversión, reduce los conflictos y refuerza el sentido de comunidad.

6. Reforzar positivamente los esfuerzos

Valorar los intentos o logros de compartir (“Gracias por esperar tu turno”, “Qué bonito que le has prestado tu juguete y os divertís juntos”). De esta forma se favorece la asociación de compartir con emociones positivas y se fortalece la autoestima y la empatía.

Conclusión

Compartir no es una habilidad innata, sino un proceso de desarrollo emocional y social que requiere tiempo, comprensión y acompañamiento. Desde la psicología sabemos que respetar los ritmos individuales y ofrecer un entorno seguro favorece la adquisición de conductas cooperativas.

En el CEI València, trabajamos diariamente estos conceptos a través del juego, la observación y la intervención grupal, fomentando la empatía, la cooperación y la autorregulación emocional. Si como familia surgen dudas o dificultades en este proceso, buscar la orientación de un profesional en psicología o neuropsicología infantil puede ser de gran ayuda para comprender mejor las necesidades del niño o niña y acompañarlo de forma respetuosa y efectiva.

Andrea Llopis

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