Nuestro cuerpo nos manda señales a lo largo del día, señales que nos ayudan a mantener una homeostasis, un estado de equilibrio adecuado y, por lo tanto, una situación de confort. El sistema interoceptivo nos permite conocer lo que ocurre dentro de nuestro cuerpo, nos ayuda a entender las señales que nos llegan directamente de nuestras vísceras: hambre, calor, sed, sueño… Este sistema se encuentra fuertemente ligado con nuestras necesidades básicas y con nuestro estado de alerta.

Durante el verano, estas señales cobran una especial relevancia: el calor incrementa la pérdida de líquidos, el ritmo de sueño puede alterarse por las altas temperaturas y los cambios de rutina, y el cuerpo necesita adaptarse constantemente para mantenerse fresco y regulado. Sin embargo, no siempre somos conscientes de estas necesidades.
El sistema Interoceptivo, al estar ligado con sensaciones universales y básicas, podemos creer que todo el mundo las experimenta de la misma forma y/o que no puede haber una disfunción en este sistema, pero no es así. Seguro que alguna vez no te has dado cuenta de que tenías sed hasta que has notado la boca pastosa, o estabas de mal humor y no te habías dado cuenta de que tenías hambre. En verano, cuando las señales pueden pasar desapercibidas por el cambio de horarios y la presencia del calor constante, esto es aún más común.
Muchas personas necesitan aprender a identificar las señales que les manda su cuerpo, otras, deben aprender a satisfacer sus necesidades sin esperar a dichas señales, porque no son capaces de percibirlas. Todos pasamos por un proceso de reconocimiento y aprendizaje, en el caso de los niños y niñas, si tiene dificultades en captar y comprender las señales de su sistema interoceptivo, este proceso puede llegar a ser frustrante para él/ella y los/las que le rodean.
Estas sensaciones internas confusas o inexistentes pueden dar lugar a comportamientos no deseados o rabietas, que muchas veces intentamos atribuir a una causa externa, cuando realmente se deben a un proceso interno no atendido. Las necesidades no atendidas elevan enormemente el estado de alerta y es más fácil encontrarse irritable o nervioso. En verano, con el calor, los cambios de entorno y horarios y la sobreestimulación por las nuevas actividades, estos efectos pueden intensificarse, y la regulación interna se vuelve aún más crucial.
En el CEI València trabajamos en la identificación de sensaciones y emociones, para que el/la niño/a reconozca los signos que su cuerpo manda, así como en establecer ayudas basadas en sus rutinas, para poder adelantarnos a sus necesidades y crear un aprendizaje. Utilizamos estrategias cognitivas para saber, por ejemplo, cuándo beber agua o para elegir la ropa según la temperatura ambiental.
Por ello, un trabajo desde Terapia Ocupacional e Integración Sensorial, y un proceso acompañado de aprendizaje por parte del niño y del adulto, son la clave para ayudarnos a entender este sistema fundamental, ayudar a la regulación del niño/a y eliminar un factor de estrés familiar muy importante, especialmente durante el verano, cuando el cuerpo necesita más que nunca ser escuchado.

