¿POR QUÉ MI HIJO/A TARDA TANTO EN HACER LAS COSAS?
¿Percibe igual el tiempo un/a adulto/a y un/a niño/a?

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Una de las cosas que todas, absolutamente todas, las familias que vienen al centro nos comentan es el tiempo que emplean sus hijas e hijos en realizar las rutinas diarias. Por rutinas diarias entendemos todas aquellas tareas que debemos realizar cada día de forma invariable. Todos los días nos levantamos, desayunamos, nos vestimos, nos cepillamos los dientes. Todas estas son tareas que se vuelven rutinarias y que hacemos casi sin darnos cuenta. Es por ello que nos cuesta comprender cómo algo que para un adulto es automático, cueste tanto para las niñas y los niños.

Las personas adultas vivimos en nuestro “mundo de adultos”, con nuestros horarios, nuestros trabajos y responsabilidades; y una forma de organizarnos es administrar nuestro tiempo, por lo que decidimos invertir lo mínimo posible en realizar estas tareas. Además, tenemos la capacidad de anticipar las consecuencias de “llegar tarde”, por lo que nos preocupamos por evitarlo.

En primer lugar, debemos ser conscientes de que las niñas y niños no tienen que asumir esas responsabilidades diarias. Tampoco tienen clara la noción temporal, por lo que pueden pasarse una hora desayunando sin ser conscientes de ello. No poseen la capacidad de autocontrol, ya que sus funciones ejecutivas todavía están por madurar. Además, su cerebro no está preparado para anticipar las consecuencias que tienen para los adultos que ellos no se den prisa, por lo que esforzarnos en explicarles que no se pueden entretener porque faltan 20 minutos para que pase el autobús y aún no están ni vestidas/os resulta tan inútil como frustrante.

Todo esto puede explicar por qué algo que parece tan fácil de entender, resulta tan complicado de conseguir; sin embargo, sí hay estrategias que podemos poner en marcha para que nos ayuden a aligerar un poco estas transiciones.

Además de una buena organización, una herramienta que puede funcionar y, al mismo tiempo, ayudar a las niñas y niños a ser más independientes puede ser crear una secuencia de rutinas visual. Se trata un panel donde aparecerán las rutinas diarias ordenadas. Estas pueden aparecer en forma de dibujo o escritas, según el nivel lector de las niñas/os. Este panel se deberá colgar en un lugar visible y accesible. A las mismas rutinas podemos añadirle una pestaña que podrán cerrar al terminar una rutina, de forma que queden visualmente más claras las tareas que faltan por realizar.

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Este panel puede ayudar a las niñas y niños a saber qué rutina deben hacer o qué les queda por hacer. Este panel proporciona autonomía; ayuda a trabajar la gestión del tiempo, les ayuda a ser más conscientes del tiempo que pasa entre cerrar una pestaña y la siguiente; ayuda a percibir cuánto dura cada rutina, y a evitar que los padres estén continuamente dando órdenes y mandatos, ya que la guía verbal se puede substituir por el señalado del panel.

Este panel debe elaborase junto a ellas y ellos teniendo en cuenta los intereses de las/los mismos/as (en la pestaña de “hecho” puede aparecer un dibujo que les guste, que sientan cercano), ya que esto aumentará la motivación por utilizarlo. También, hay que crear la costumbre de utilizar el panel cada día, y ser constantes, puesto que las rutinas se establecen por repetición, y para poder volverse una adquisición o aprendizaje se requiere realizarlo durante un mínimo de tres semanas.

Por último, no podemos olvidar que las niñas y los niños no son robots; las niñas y los niños juegan con la comida, se entretienen con una mosca, se lían intentando atarse los zapatos, tropiezan y se caen, les entran ganas de ir al servicio en los momentos más inoportunos, en suma, se les olvida el paso del tiempo, por lo que es imprescindible empatizar con ellas y ellos; y no dejar de recordar que No existe niño difícil, lo difícil es ser niño en un mundo de gente cansada, ocupada, sin paciencia y con prisa.

Rosa Pérez Grau-ceivalencia

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