JUEGO: OPORTUNIDAD DE APRENDIZAJE Y CONEXIÓN
La perspectiva lúdica es siempre nuestra mejor aliada

¿Te has fijado en que tu hijo/a te está mirando mientras te mueves por casa? Incluso a veces, se aferra a tu pierna como un pulpito.

María Montessori nos enseñó que los niños son grandes observadores. Aprenden mucho observando a los adultos e imitando nuestros comportamientos, actividades y sonidos. Si bien puede que no lo parezca, todo esto es un juego para tu hijo/a.

Desde el CEI València, exploro cómo convertir los elementos de la vida cotidiana, en algo que sea divertido y beneficioso para los niños y las niñas. El juego puede ser la levadura del aprendizaje y la conexión social.

Una de mis mamás recientemente compartió su experiencia conmigo. Su niño de 3 años había comenzado a jugar con su cocina infantil, de la misma manera que a su madre le encantaba pasar tiempo en la cocina. Lo más curioso es que él tiene muchas dificultades con la alimentación, mostrándose muy sensible a ciertas texturas y rechazando una gran variedad de alimentos.

La mamá se dio cuenta de esto y quería convertir este nuevo comportamiento en una oportunidad de aprendizaje y conexión.

Para transformar lo que suele ser un tiempo solitario para ambos, en una oportunidad de conexión significativa, solo hicimos un pequeño reajuste: la mamá sacó la cocina de juguete de su hijo, y la colocó cerca de ella, en la cocina real.

Este cambio facilitó un gran crecimiento en la familia.

La experiencia compartida de “cocinar juntos” les ha permitido a los dos crear una conexión más profunda, donde ambos pueden mirar, interactuar y aprender uno del otro. Además, da forma al escenario donde dentro de unos pocos años este niño podrá ayudar a su mamá con la cocina real.

El niño se ha convertido en parte de la experiencia de cocinar junto con su madre, ha tenido la oportunidad de poder ver los alimentos de manera real antes de ser cocinados, los ha sentido: olido, tocado, masticado, chupado…, y también ha visto como se transforman…

Dentro de este juego ha querido probar nuevos alimentos.

La mamá puede prestar atención a su cocina sin tener que estar pendiente de su hijo en otra habitación, y lo más importante, disfruta de este tiempo juntos jugando.

Se ha convertido en mi mayor apoyo para la intervención terapéutica.

La historia anterior es solo un ejemplo de juego exitoso e intencional. Jugar con propósito no tiene por qué ser difícil. 

Pequeños ajustes en nuestra vida diaria pueden tener un impacto significativo.

etiqueta Bea

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