¿EXISTEN LOS JUGUETES MALOS O NOCIVOS?
Qué características no debemos buscar en un juguete estas Navidades

En esta mágica época del año, entre el bombardeo constante de anuncios y las listas de deseos interminables, las dificultades para elegir regalos se incrementan conforme nuestros hijos crecen. La pregunta es ¿existen juguetes malos o nocivos para nuestros/as hijos/as?

Hay muchos artículos sobre cómo elegir un buen juguete, podéis encontrar una guía práctica para elegir un buen juguete, así como también una guía orientativa por edades para decidir qué juguete es más adecuado para nuestro/a hijo/a.  Pero aquí queremos hablar sobre lo que NO debemos buscar en un juguete estas navidades. 

Es difícil encontrarle pegas a la diversión, casi todos los juguetes tienen cosas buenas, fomentan diferentes habilidades y lo más importante, son increíblemente divertidos. Pero siempre está bien recordar algunos consejos básicos que debemos respetar y que podrían hacer de un juguete un ‘’juguete malo’’.

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Edades y habilidades

Uno de los puntos más típicos que nos puede ayudar en más de un sentido. Debemos informarnos de las edades que marcan los fabricantes. 

En edades tempranas sabemos de sobra que las piezas pequeñas pueden conllevar muchos problemas. Pero también debemos tener en cuenta que un juguete poco estimulante o excesivamente difícil genera aburrimiento o frustración y será rápidamente relegado. 

Pero no solo de números va la cosa; aunque la caja indique a partir de 6 años, puede ser que nuestro/a hijo/a tenga un oído nefasto y si el juguete tiene una mecánica musical, la frustración será considerable. O puede ser que la niña o el niño no tenga la edad madurativa correspondiente y necesite juegos para edades inferiores. 

Debemos guiarnos por las preferencias y habilidades, recordando que un juguete puede ser educativo solo cuando es divertido, de otra forma se convertirá en una tarea más del cole, perdiendo su parte lúdica y pedagógica.

 

El juego no debe ser una droga

Existen muchos tipos de juego, pero hay algunos que conllevan un componente de excitación mayor que otros. Juegos con componentes muy físicos, videojuegos y televisión, juguetes infantiles como mucha carga de estímulos diferentes podrían considerarse ‘’juguetes malos’’ si se abusa de ellos. 

Es normal que jugando aumenten las pulsaciones, el nivel de alerta suba y las emociones se alteren; puede ser que el/la niño/a se enfade si le cortas el partido de fútbol o si le quitas de las manos su juguete favorito. Pero debemos identificar cuando esta excitación dificulta la participación en otros aspectos de su vida. 

Es muy fácil verlo en niños pequeños frente a la televisión o a algún juguete que emita muchos estímulos a la vez: luces con música y sonidos, y con elementos que giran y baten palmas al ritmo de una mazurca (sabemos que no existe, pero no nos alejamos tanto de la realidad). El niño se muestra absorto ante esta bacanal de sensaciones a la vez que aumentan los movimientos bruscos o se eleva el volumen de la voz. Puede mostrarse irritable después y tiende a buscar una y otra vez el mismo juguete.

Acostumbrarse a este tipo de juegos tampoco ayuda a mantener la atención en la vida cotidiana, o sea en ambientes más tranquilos, sin tantas entradas sensoriales simultáneas.

 

Los temidos videojuegos ¿son realmente juguetes malos?

Vamos a empezar diciendo que los videojuegos no son pura maldad, tienen cosas positivas: coordinación mano-ojo, rapidez de respuesta, agilidad mental, desarrollan la creatividad, pero debemos tener en cuenta algunos temas a la hora de jugar: 

  • Edad. Hay videojuegos para niños, adolescentes, adultos, en definitiva, para toda la familia. Pero al ser un entretenimiento que comúnmente se ha visto cómo infantil, tendemos a ser más laxos con las restricciones de edad. Ya no hablamos solo del contenido violento, más fácil de identificar, podemos encontrar contenidos sexistas, por ejemplo, que pasan más desapercibidos, pero que el/la niño/a puede interiorizar.

  • Los juegos multijugador. El juego más reciente que podemos conocer es el Fornite, pero existen multitud de juegos en los que puedes comunicarte con gente de todo el mundo. Y aunque esto conlleva cosas positivas, también nos trae cosas negativas porque no sabes quien está al otro lado, ni lo que nuestro hijo/a puede aprender de él/ella. Además, estos juegos no suelen tener una conclusión, no hay sensación de finalización y cuando desconectas sabes que el juego continúa sin ti, favoreciendo la demora en la finalización, aumentado el deseo de jugar y por tanto la dificultad en desconectar.

  • Los estímulos. Los videojuegos proporcionan muchos estímulos por segundo, son divertidos, nos retan y son excitantes. Una persona adulta es capaz de gestionar estas entradas placenteras, pero un niño no está preparado y se dejará llevar por esta sobreestimulación, adaptándose a este nivel de estímulos. Como otros juegos o actividades no son capaces de recrear este nivel frenético, el niño/a vuelve una y otra vez al videojuego, momento en el que aparece una adicción.

 

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La solución pasa por controlar los tiempos de juego y porque no, convertirse en conocedores nivel usuario de esta industria. 

Hoy en día es muy fácil entrar en youtube y encontrar noticias, tutoriales, partidas e incluso gente que se ha grabado jugando videojuegos enteros. Ver un par de vídeos para conocer ese videojuego con el que nuestro hijo/a no deja de insistir, no es perder 10 minutos de nuestra vida, es conocer a qué dedica su tiempo de ocio y tal vez, incluso, poder compartir con él parte de su diversión, aportando nuestra visión crítica en algún momento y, así, poder decidir si realmente es un ‘’juguete malo’’. 

Recordad que somos los/as adultos/as los/as responsables de los juegos con los que se divierten y forman nuestros/as hijos/as. Que son una fuente de aprendizaje muy valiosa, ya que se realiza a través del juego y por encima de todo, que los adultos, si nos esforzamos un poco también podemos participar. 

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